Emilia Pardo Bazán y Galdós: los secretos literarios del Balneario de Mondariz
Más allá de ser un lugar de descanso y tratamiento, el Balneario de Mondariz ha sido testigo mudo de pasiones, literatura e historia.
Ubicado en el corazón de Galicia, este enclave se convirtió a finales del siglo XIX en el punto de encuentro de la intelectualidad española, pero también en el escenario principal de uno de los romances más famosos de nuestras letras: el que vivieron Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós.
Adentrarse en su historia es descubrir cómo el agua termal curó cuerpos, pero las tertulias y los amores curaron el espíritu de una época.
La condesa y las aguas curativas
La relación entre Emilia Pardo Bazán y Mondariz comenzó por prescripción médica. Afectada por una enfermedad hepática y siguiendo el consejo de galenos de la época, la escritora llegó al Gran Hotel en 1887 para “tomar las aguas”. Lo que empezó como una cura de salud pronto se transformó en su residencia de verano favorita durante más de tres décadas. Pardo Bazán no sólo encontró alivio en sus manantiales, sino un refugio ideal para su prolífica labor periodística y literaria, colaborando en publicaciones locales como la revista Mondariz.
Fue allí donde la condesa forjó una gran amistad con Enrique Peinador, médico y fundador del balneario, quien la introdujo en los avances científicos de la época.
Sin embargo, el atractivo de Mondariz no era sólo médico o intelectual; el balneario se había convertido en un sofisticado salón social donde concurría “la flor y nata de España y Portugal”, tal como afirmaba la propia escritora.
El romance de “Miquiño mío”
Entre los paseos por los jardines y los tratamientos de agua, se fraguó una de las historias de amor más apasionantes de la literatura española.
Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, a quien ella llamaba cariñosamente “Miquiño mío”, vivieron un romance que duró veinte años. Aunque se conocieron en Madrid, fue en Mondariz donde su relación se hizo pública y se vivió con intensidad, bajo la mirada cómplice de la sociedad balnearia.
Este vínculo, marcado por la admiración mutua, la pasión y las complejidades personales, quedó inmortalizado en las cartas que ambos intercambiaron entre 1883 y 1915. No fue hasta 1975, con la publicación de “Miquiño mio. Cartas a Galdós”, cuando el mundo conoció la intimidad de sus sobresaltos sentimentales y sus declaraciones de amor, sirviendo incluso de inspiración para algunos diálogos de obras maestras como “Fortunata y Jacinta”.
De establecimiento rural a villa termal de lujo
El desarrollo de Mondariz es un ejemplo de visión empresarial. Fundado en 1873 por los hermanos Enrique y Ramón Peinador, el balneario dejó atrás su condición de modesto establecimiento rural para convertirse en el más suntuoso de la península. La inauguración del Gran Hotel en 1898 y la construcción de infraestructuras clave, como el tranvía que lo unía con Vigo, consolidaron su prestigio.
La visita de miembros de la Casa Real portuguesa, como el infante D. Augusto de Braganza, impulsó aún más su fama. Para atender a esta selecta clientela, los dueños no escatimaron en lujos. A principios del siglo XX, contaron con la participación del arquitecto Antonio Palacios, quien remodeló fuentes emblemáticas como la de Gándara y diseñó edificios señoriales que hoy definen la silueta de la villa, dotándola de un marcado carácter urbano y monumental.
Un municipio propio con identidad galleguista
El crecimiento del balneario fue tal que generó su propia administración. En 1924, el término se segregó del municipio de Mondariz para constituirse como Mondariz Balneario. Este nuevo municipio no solo era un lugar de ocio, sino un centro irradiador de cultura gallega. En sus instalaciones se celebraron actos de afirmación galleguista, recibiendo a miembros de la Real Academia Gallega y convirtiéndose en un símbolo de la identidad cultural de la región.
Hoy en día, caminar por el Balneario de Mondariz es evocar aquella época dorada donde la medicina, la arquitectura y la literatura se entrelazaron.
El legado de Emilia Pardo Bazán y sus amores con Galdós, unido a la belleza modernista de sus edificios, convierten a este lugar en un destino imprescindible para quienes buscan un turismo con alma histórica y romanticismo literario en el sur de Galicia.
Fuente: Balneario de Mondariz, lugar de recreto y amoríos de Emilia Pardo Bazán, Carmen Artos, consultora de turismo, para Tribuna Termal Número 42, 2011.
