El futuro del viaje sostenible y regenerativo: tendencias para un turismo consciente
¿Te sientes identificado con el término “travitude”? Esta palabra, que describe el estado de ánimo gruñón provocado por la falta de viajes, se hizo popular durante los periodos de restricciones recientes.
Sin embargo, ahora que el mundo se ha vuelto a abrir, muchas personas sienten una urgencia casi desesperada por explorar de nuevo.
Esta nueva era del turismo no se trata sólo de volver a lo anterior; implica una transformación profunda en cómo entendemos nuestros desplazamientos, priorizando la sostenibilidad, el bienestar y un impacto positivo en los destinos.
La sostenibilidad como pilar fundamental
La sostenibilidad ha dejado de ser un nicho para convertirse en una exigencia. La creciente preocupación por el cambio climático, activada por nuevas generaciones y la realidad de nuestros recursos limitados, ha puesto sobre la mesa los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU.
Ya no se trata sólo de debates teóricos sobre el “overtourismo” o la saturación de destinos; se trata de encontrar un equilibrio.
Existe una tensión actual entre el deseo de visitar lugares icónicos y la búsqueda de la soledad en entornos ocultos (subturismo). Ambos extremos tienen cabida, pero la industria y los viajeros deben ser conscientes de cómo sus decisiones afectan a la capacidad de acogida de las comunidades locales y a la preservación de la naturaleza.
Los cuatro perfiles del viajero actual Según los análisis de comportamiento del viajero (estudios como los de la Comisión Europea de Viajes), podemos identificar cuatro grupos principales que definen el mercado actual:
- Frontrunners (Pioneros): Son los viajeros con mayor probabilidad de adoptar comportamientos sostenibles. Tienen una alta orientación biofísica y altruista, y su huella es baja. Buscan destinos que respeten el medio ambiente y están dispuestos a sacrificar un poco de comodidad por la causa.
- Comfortable Crowd (Multitud Conformista): Viajeros de bajo impacto que valoran la comodidad. Aunque no tienen un compromiso bioférico tan fuerte como los pioneros, están abiertos a alternativas en temporada baja para evitar masificaciones.
- Entitled Stewards (Administradores con Derecho): Tienen una huella media y una orientación al altruismo más débil. Sin embargo, están dispuestos a adaptarse si se les facilitan las cosas, buscan marcas de confianza y suelen preferir destinos probados.
- Laggards (Rezagados): Son viajeros de alta huella con el menor interés en alternativas sostenibles. Su prioridad es la satisfacción inmediata y tienen menos consideración por el impacto biofísico.
Factores que deciden nuestro destino
Hoy en día, el dinero y el tiempo siguen siendo las restricciones principales, pero han surgido nuevos factores decisivos:
- Distancia y huella de carbono: La creciente “vergüenza de volar” está haciendo que muchos opten por destinos accesibles en tren o coche, o que elijan compensar sus emisiones al volar.
- Ubicación: Hay una tendencia hacia lugares aislados y de baja capacidad, que se perciben como más seguros y con un impacto más localizado y controlable frente a los grandes centros turísticos.
- Marcas: Existe una división entre quienes confían en las grandes cadenas internacionales por sus protocolos de seguridad y calidad, y quienes prefieren proveedores pequeños y sin marca (“unbranded”) por su flexibilidad, trato personal y capacidad de adaptarse rápidamente a políticas ecológicas.
Hacia el turismo regenerativo y el bienestar
Para ir más allá de la sostenibilidad, está cobrando fuerza el concepto de “turismo regenerativo”.
Según la organización The Long Run, el turismo regenerativo es aquel que deja un lugar mejor de lo que se encontró, enfocándose no solo en reducir el daño, sino en restaurar los sistemas ecológicos y sociales. Esto implica una conexión profunda entre la regeneración del propio viajero (salud mental y física) y la regeneración del destino anfitrión.
Esta es la gran oportunidad para la industria: combinar la experiencia de usuario (UX) con un enfoque de bienestar responsable (rWX). Se trata de ofrecer experiencias inmersivas que permitan al viajero desconectar y sanar, mientras que su visita aporta beneficios económicos reales y apoyo a la comunidad local, evitando la “nofobia” o el miedo a no tener viajes programados.
En definitiva, estamos ante un momento único para redefinir la forma de viajar. La responsabilidad ya no es una opción extra, sino el elemento central de la experiencia.
Al elegir nuestros próximos destinos, tenemos el poder de apoyar una economía más justa y proteger el planeta, asegurando que las maravillas que hoy queremos ver sigan ahí para las generaciones futuras.
Fuente: De la travitud a la notrifobia, Laszlo Puckzko para Tribuna Termal Número 43, 2022.
