Balnearios marítimos y casas de baños: La arquitectura flotante del siglo XIX
El descubrimiento del mar y los paisajes costeros como lugares preciosos, pintorescos y saludables tuvo su origen en el triunfo de las ideas racionalistas e ilustradas de inicios del siglo XIX. Lo que antes se consideraba un lugar peligroso y desconocido se convirtió en el escenario perfecto para demostrar la belleza de la creación y, sobre todo, para sanar el cuerpo.
Este cambio de mentalidad, unido al deterioro de la vida en las ciudades industriales, impulsó la aparición de una arquitectura única: casetas y palacios sobre el mar diseñados para la curación y la diversión, sentando las bases del turismo moderno.
El nacimiento de la talasoterapia y los baños de ola
Aunque los griegos y romanos ya conocían las propiedades del mar, fue en el siglo XIX cuando la ciencia médica formalizó estos beneficios.
- 1869: El médico francés Joseph de La Bonnardière, de Arcachon, acuña el término talasoterapia (del griego thalassa, mar, y therapeia, cura) para diferenciarlo del termalismo de interior.
- 1899: El Dr. Louis Bagot funda en Roscoff (Bretaña) el primer centro moderno de talasoterapia.
- 1905: El biólogo René Quinton descrió los beneficios del plasma marino para fortalecer el sistema inmunológico.
Estos avances propiciaron la construcción de sanatorios de clima marino para tratar enfermedades como la tuberculosis, convirtiendo la costa en un lugar de prevención y ocio social.
La evolución arquitectónica: De la máquina de baño al palacio flotante
La necesidad de acercar el baño de mar a una sociedad que aún veía con recelo el contacto directo con la arena y las mareas impulsó una fascinante evolución arquitectónica.
Las máquinas de baño
En las playas del norte de Europa, con grandes mareas, surgieron las primeras casetas con ruedas.
Estos artefactos, transportados por caballos o motores, permitían a la realeza y la aristocracia entrar en el agua con privacidad y dignidad. Un ejemplo famoso fue la Caseta Real de la Playa de La Concha en San Sebastián.
Pabellones sobre pilotes
En playas sin mareas pronunciadas, se generalizaron los pabellones de madera construidos sobre pilotes en la arena.
Estos edificios ofrecían vestuarios, duchas y, con el tiempo, salones de lectura, restaurantes e invernaderos, manteniendo una estricta separación por sexos para proteger la moral de la época.
Los grandes palacios flotantes
La transformación más espectacular fue la construcción de muelles o piers que se adentraban en el mar. Estructuras de hierro y cristal que se convirtieron en verdaderos palacios de ocio.
- El Palais de la Jetée (Niza): Levantado en 1891, era un edificio magnífico con enormes ventanales al mar, diseñado para el placer y la terapia.
- Scheveningen (Holanda): Un complejo construido en 1904 que se convirtió en un referente de la arquitectura de hierro.
Estas plataformas permitían caminar sobre el agua, tomar baños termales en el mar y disfrutar de conciertos y salas de juego, convirtiendo el mar en un lugar de magia y sofisticación.
El auge de los balnearios marítimos en España
En España, el desarrollo de estos centros fue algo más tardío, cobrando fuerza a partir de la década de 1860 gracias a la expansión del ferrocarril, que facilitó el acceso de los visitantes del interior a la costa.
Santander: El Sardinero
La capital cántabra es el mejor ejemplo de esta transformación.
La presencia de la reina Isabel II a partir de 1860 impulsó el desarrollo de la Playa del Sardinero. Desde el primer edificio balneario de 1863 hasta la construcción del Palacio de la Magdalena en 1911, Santander se convirtió en el referente del veraneo real y burgués. El Gran Casino del Sardinero (1916) y los baños flotantes consolidaron este modelo.
Valencia y Levante
El Balneario de Las Arenas en Valencia es un claro ejemplo de la diversidad estilística.
Inaugurado en 1898, contó con un pabellón modernista proyectado por el pintor Carlos Cotina y el edificio neogriego del arquitecto F. Iranzo. También destacaron las Termas Victoria (1918) y las piscinas racionalistas de Luis Gutiérrez Soto (1933).
Otras costas
La lista de balnearios marítimos se extendió por todo el litoral:
- Galicia: Balneario de la Concha en Vilagarcía (1888).
- País Vasco: Balneario de La Perla (San Sebastián) y Balneario de La Gorgorita (Gijón).
- Andalucía: Baños de La Malvarrosa en Málaga y el Balneario de La Palma en Cádiz, este último declarado Bien de Interés Cultural y hoy sede del Centro de Arqueología Subacuática.
Una arquitectura efímera
Lamentablemente, gran parte de esta arquitectura ha desaparecido.
Concebidos a menudo como “elegantes decorados” temporales, muchos de estos edificios no resistieron la corrosión del aire salino ni la presión urbanística del siglo XX. Sin embargo, su legado perdura en la configuración actual de nuestras ciudades costeras y en la memoria de una época en la que el mar se descubrió como el destino definitivo del bienestar.
Los balnearios marítimos y sus singulares arquitecturas flotantes no fueron meros edificios funcionales; fueron el motor que transformó la relación del ser humano con el litoral.
De espacios de miedo y peligro, el mar pasó a ser un salón gigante al aire libre, un lugar de salud y alta sociedad.
Aunque muchas de estas joyas arquitectónicas de hierro, madera y cristal se han perdido con el tiempo, su historia es fundamental para entender el origen de nuestra cultura vacacional y la consolidación del turismo de sol y playa que hoy conocemos.
Fuente: Casetas y palacios sobre el mar. Una arquitectura flotante para la curación y la diversión, Josep Sánchez Ferré para Tribuna Termal Número 32 2014.
